Y es que tal vez haya llegado el momento de dejar de escribir, de pensar, de...
Y todo mientras se rasga una voz, que no es la mía, porque estoy demasiado cansada para poder afinar. Pero prometo emocionarme, tener la carne de gallina, temblar y no llorar.
Y sé que la psicología en esta vida accesoria está al alcance de todos, pero hasta que la ingravidez se aleje y me estampe contra el suelo, los sueños que hierven dolor, alegría, pedazos de incertidumbre e impotencia, rencor y alegres suspiros, permanecerán.

